Llegamos a Perú por tierra, bordeando el Titicaca, ya que el lago es mitad boliviano y mitad peruano. Salimos de Copacabana con destino final Cusco, pero en el camino había que hacer fronteras y parar unas horas en Puno para visitar las islas flotantes hechas por los Uros y en las que vivían sus familias. Lo de las fronteras sin más, todo fácil, lo único extraño fue una fotocopia del papel de entrada/salida al país que pedían exclusivamente a los argentinos. Ignoramos el porqué. Seguramente el de la tienda de las fotocopias de al lado de la frontera era el cuñado del encargado de la frontera ese día. Bueno, fotocopia y adelante. Después en Puno confirmamos los billetes de autobús que ya habíamos pagado y que nos habían dicho que eran tipo full cama, cosa que no fue así y que si no nos llegamos a poner un poco cabezones nos habrían enviado en un asiento de madera, y nos fuimos a la excursión de la comunidad de los Uros. Ellos hacen unas islas artificiales con totora, una planta de tallo muy largo que crece en el lago. Primero agarran unos bloques grandes del entramado que forma la planta con sus propias raíces. Eso es la base flotadora de la isla, luego empiezan a poner capas y capas de la planta sobre esos bloques, alternando la dirección de los tallos, y añadiendo una capa nueva cada 15 días más o menos, porque se van aplastando al pisar. Y sobre esa isla, que acaba siendo bastante grande, construyen sus casas. Suelen ser varias casas por isla, y la mayor parte de ellas también son de totora, con estructura de madera. Los niños tienen el colegio en las propias islas hasta empezar la secundaria, a partir de ese momento deben ir remando hasta la ciudad de Puno, lo que es un buen rato dándole al remo en sus barquitos de totora. Todo esto es muy auténtico y muy interesante pero la excursión en sí fue un circo para turistas que daba bastante pena. La comunidad de los Uros parece que saca una buena parte de su sustento de los turistas hoy en día, así que tienen la historia montada de una manera un poco "show", y eso le quitaba mucho romanticismo a la visita. Por no hablar de que te intentaban vender cualquier cosa, te cantaban el "vamos a la playa" en grupo como despedida, hacían a una de sus niñas cantar en 28 idiomas diferentes para hacer sonreir a los turistas.... En fin, una historia muy bonita metida en un recipiente bastante feo.
Después directos al autobús, a eso de las 21.00, y viaje hasta Cusco del tirón. Allí llegamos a las 4.30 de la mañana, sin reservas de hostal y preguntándonos cómo haríamos para arreglarnos las primeras horas mientras la ciudad aún dormía. En cuanto pisamos la estación nos dimos cuenta de que los más dormidos eramos nosotros, porque había mil-gentes ofreciéndote alojamiento, taxis, recuerdos de Cusco, telas andinas y todo lo que puedas imaginar. Acordamos con un tipo el precio para que nos llevara a un hostal que nos habían recomendado, pero al no tener éste más sitios libres el conductor nos llevó a otro en el que nos iban a cobrar 40 soles la habitación doble con baño. Fuimos allí pero nos dijeron que estaba ocupada, que a las 9.00 nos daban nuestra habitación y hasta entonces estaríamos en otra con varias camas, pero todas vacías. Ok, vamos pallá. Dormir un rato, mmmmm.... A eso de las 10.00 voy a preguntar por la habitación y me dicen que a las 11.00 estará lista, bueno, pienso, tampoco tenemos tanta prisa. "Te pago?", le digo. "Sí, son 60 soles", dice él. "Cóómo?, hace 5 horas me has dicho 40!!"...
Después de discutir un rato acabamos pagando 50 soles y salimos de allí corriendo y echando pestes. A mí me había atacado un hambre voraz, y tenía la tripa un poco rara. El día anterior esperando al autobús me había empezado a doler la garganta y me tomé unas pastillas, yo pensé que las pastillas me estaban curando el incipiente catarro y estropeándome la tripa, así que decidí quedarme el resto del día en el nuevo hostal: Manto Inca. El hostal se ha convertido en nuestro campamento base en Cusco durante muchos días. Valeria salió a visitar un poco la ciudad y a hacer recados para ir preparando el trecking del Salkantay que empezaba dos días después y yo me quedé mutando en el hostal, sin notar ninguna mejoría.
Al día siguiente salimos a pasear lentamente, hacer algún recado, y visitar una farmacia para preguntar por mis síntomas. Seguía sin mejorar y había pasado una mala noche. La farmaceútica dice que tengo los típicos síntomas del viajero que viene de Bolívia, que qué nos dan de comer allí. Intoxicación digestiva; tenía la barriga llena de bacterias. Reposo, otras pastillas, pollo y arroz blanco. Cojonudo.
Eso es el resto mi estancia en Cusco hasta que empezó la gran caminata a Machupicchu que me arregló el estómago y me estropeó la rodilla izquierda. Reposo, pastillas, pollo y arroz blanco. Reposo, pollo, arroz....aaaarrghhh...... Por suerte, en el hostal teníamos tele y pude ver 200 episodios de Los Simpsons doblados al español latino. Toda una experiencia. Por la calle celebraban el Corpus Cristi, se oían procesiones festivas y jolgorios por la calle. Pero eso os lo contará un poco Valeria, que yo no lo ví.















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ResponderEliminarPues si, los tres primeros días yo pude pasear un poquito más que Guille, aunque no mucho más, sólo aprovechaba de dar unas vueltas por la ciudad cuando iba a comprar cosas o a buscar comida. Como nuestro hotel estaba a una cuadra de Plaza de Armas, aprovechaba a conocer las callecitas aledañas, las iglesias y las plazas y alguna que otra vuelta al mercado central San Pedro.
ResponderEliminarLo bonito fue la entrada del Corpus Cristi a la ciudad, fue un desfile de 14 santos que ingresaban por la Av. Del Sol y acababan en la Plaza San Francisvo. Cada santo, en su altar, era acompañado por cientos de personas que representaban diferentes comunidades peruanas. Ellas tocaban y bailaban ritmos típicos y paganos alrededor de sus santos católicos.
Si bien la festividad en un comienzo fue alegre y familiar, por la tarde y noche fue cambiando de matiz, los borrachos, la cumbia y los juegos traga monedas eran los personajes principales, también estaba lleno de señoras que con sus mantas tiradas en la calle te vendían de todo, hasta lo impensable. En cuanto a gastronomía se podían elegir cientos de platos típicos que ofrecían los puestitos callejeros, sin embargo, la comida por el excelencia era el Cui (conejillo de indias) recomendado por todos como una de las comidas mas sabrosas y exquisitas de Cuzco, pero indefectiblemente su buena fama no pudo ganarle a su mala pinta, parecía una rata frita luciendo sus manitas y dientitos en una bandeja grasosa de un puesto callejero. Y nada tenemos contra los puestitos callejeros de comida, pero es que apetecía cero.
La entrada del Corpus Cristi fue el 29 y sólo pudimos ver ese día porque el 30 comenzaba nuestra aventura por Salkantay, camino al Machu Pichu. Os contamos más en la próxima entrada, en breve.