miércoles, 19 de junio de 2013

Últimos puntos de Perú. Arequipa, Nazca, Lima y Mancora

Después de la espectacular caminata hacia Machupicchu y nuestros últimos días en Cuzco nos decidimos a bajar un poco, si bien la idea siempre es subir, como habíamos tenido que estar en Cuzco en una fecha temprana y exacta , puesto que ya teníamos reserva para el treck de Salkantay y aparte queríamos ir unos días antes para prepararnos y aclimatarnos, nos habíamos saltado cosas interesantes en el camino. La idea era bastante clara, Arequipa y Cañon del Colca, Nazca y las Líneas. 
El día 6 por la noche cogimos un bus hacia Arequipa, debíamos llegar a las 6 de la mañana aproximadamente, a las 7 yo me desperté para ir al baño y vi por la ventana todo cubierto de nieve. No entendíamos lo que ocurría, había nevado un montón y no nos habíamos enterado, eran las 7 y aún no habíamos llegado... Preguntamos a la azafata cuanto faltaba para llegar y nos dijo que bastante, que debido a la nieve y los accidentes, el bus llevaba cuatro horas de retraso, por suerte para nosotros había sido una buena noche, de bus, pero buena.  
Llegamos a la terminal y un buen señor, con una buena estrategia de MKT nos convenció de hospedarnos en su hostal, el nos ofrecía información turística, taxi al hostal, hospedaje decente y desayuno por 40 soles. Como el tema sonaba un poco increíble y como ya veníamos un poco espantados con las pequeñas estafas que nos habían hecho, sin ningún pudor le pregunte si era verdad lo que nos ofrecía o si después nos iba a salir con algún martes trece cobrándonos extras inventados y el me contesto: " tranquila mami, tranquila,  es todo verdad, si quieres vamos, vemos el hostal, arreglamos allí  mismo y ya no me debes nada." Y así ocurrió, vimos el hostal y allí nos quedamos. 
Ese primer día lo dedicamos a dar vueltas por la ciudad, la cual nos pareció hermosa, y a buscar información sobre el Cañón del Colca. Al final optamos por contratar una excursión de dos días y una noche, puesto que Guille no tenía bien su rodilla como para caminar mucho o bajar y subir el cañón. 
Nos pasaron a buscar a la mañana siguiente por el hostal y comenzamos el paseo en un bus lleno de gente de todas las edades y nacionalidades. El primer día conocimos los volcanes y nevados que escoltan la ciudad, nos informaron sobre la obtención de la lana y la confeccion de los tejidos, también pasamos por pueblos típicos que fueron asentamientos de la colonia y almorzamos en Chivay, por la tarde fuimos a unas termas en donde la temperatura rondaba los 40 grados entre sus tres piscinas, una cubierta y dos al aire libre. Guille decidió no ir a las termas para descansar e intentar recomponerse un poco de su rodilla. Por la noche tuvimos una cena show, que para nuestro gusto fue un poco ridícula, el típico espectáculo para turistas sin media pizca de gracia. Pero bueno, fue lo que a nosotros nos pareció, todas las demás personas del público parecían súper contentas y no paraban de sacarse fotos con los músicos y bailarines. Durante la comida nos hicimos amigos de dos chicos, uno boliviano y el otro colombiano, que estaban por trabajo en Arequipa y habían aprovechado el fin de semana para conocer el Cañón. Con ellos nos fuimos a tomar unas cervezas y a bailar un rato a una discoteca del pueblo y resultaron ser, aparte de ingenieros, dos excelentes bailarines de cualquier ritmo musical, tenían un movimiento de cintura que deslumbraba a cualquiera, hasta yo, que se mover mi pandero al son de la salsa, me quede bastante inhibida. Ya cuando las cervezas comenzaban a ser peligrosas y los brindis repetitivos decidimos retirarnos. Soldado que huye sirve para otra batalla. 
Al día siguiente desayunamos a las 5:30 y a las 6:00 nos paso a buscar el guía para continuar la excursión. Primero pasamos por los pueblitos de Maca y Chinchollo entre otros, en donde visitábamos las iglesias de los pueblos que databan de la época colonial, los puestos de artesanías y en dónde la gente del lugar se paseaba con vestimentas típicas y nos ofrecían espectáculos de danzas autóctonas y sacarnos fotos con llamas, alpacas o halcones. 
La última parada del tour fue en el mirador Cruz del Condor, desde donde se observa la inmensidad del  Cañón con sus cóndores. Fue espectacular, no esperábamos ver tantos cóndores sobrevolando la falla y nuestras cabezas. Este Cañón es considerado el más profundo del mundo, más de 4000 mts de profundidad. Luego hicimos una pequeña caminata bordeando parte del cañón en donde nos iban informando un poco sobre la fauna y la flora del lugar. Como todo el sitio es una reserva, la reserva natural del valle de Colca, todo esta súper protegido, puesto que muchos de los animales llegaron a estar en peligro de extinción y ahora, poco a poco y con el aporte monetario de los turistas los van recuperando. 
Con todo visto, aunque un poco desde arriba, emprendimos la dura vuelta hacia la ciudad de Arequipa (digo dura porque fue larga, y aunque afuera hacia frío, en el bus llenísimo de gente se había formado un efecto invernadero y el chofer era reacio a poner el aire, íbamos un poco calcinados). 
El último día en Arequipa lo concedimos a los museos y a los hermosos patios internos de las casonas. Hay un montón de casas coloniales con patios inmensos que en la actualidad son destinados a galerías de arte o tiendas de diseño.
Museos visitamos el de arqueología y el de Santuarios Andinos.
Por la noche ya teníamos programado el viaje a Nazca.
Llegamos a la ciudad muy temprano y bastante cansados, al bajarnos del bus había un montón de personas que nos ofrecían de todo (bus, taxi, excursiones, hoteles, restaurantes, etc), decidimos pasar de ellos y buscar todo por nuestra cuenta. 
Una vez desayunados y con hospedaje elegido nos fuimos a la cruz roja, Guille estaba fatal de su rodilla y había pasado una mala noche. Allí nos atendieron muy bien, aunque de manera muy básica, no tenían los equipamientos necesarios como para realizarle una placa. "Tome estás pastillas y si no se compone, en su próximo destino pida una placa, en Nazca será difícil de conseguir"
La idea ese día era pasear por la ciudad y al día siguiente sobrevolar las líneas, pero como la ciudad de Nazca es bastante fea y no ofrece otra cosa que las líneas y alguna que otra excursión poco atractiva, nos tomamos un taxi y nos fuimos al aeropuerto a ver si podíamos conseguir mejores precios (en realidad el aeropuerto de Nazca sólo ofrece vuelos en avionetas para visitar las líneas, no hay otra clase de vuelos). Llegamos allí, preguntamos los precios en las seis o siete agencias que realizan el servicio y como todas cobraban y ofrecían más o menos lo mismo nos decidimos por la empresa que nos había recomendado el taxista. Después de pagar USS 170 por los dos y esperar una hora, comenzaba la aventura. Primero nos dieron una charla informativa sobre las precauciones en el vuelo "rudimentario" y como visualizar mejor las líneas, siempre mirar el ala de la avioneta, el piloto nos las señalaría con ella. Realmente espectacular, vale la pena viajar a Nazca sólo para verlas y pagar lo que se paga por sólo 30 min de vuelo. 
Las líneas son impresionantes y más lo son aún si se tiene en cuenta cómo se hicieron, lo cual ya se cree saber, al contrario de su función, que aún no tiene explicación, sólo se abarajan algunas hipótesis. No me explayaré en estas cuestiones porque seguramente no lograré explicarme tan bien como la Wikipedia, para el que le interese aquí os dejo el link: http://es.m.wikipedia.org/wiki/L%C3%ADneas_de_Nazca

Después de eso estábamos muy cansados y con el bajón post adrenalina, no quedo más opción que comer, pillar los billetes para el siguiente destino, Lima,  y dormir... hasta el día siguiente. 

Teníamos idea de no pasar por Lima, pero como debíamos ir subiendo y queríamos hacerlo poco a poco, reconsideramos en destino. Después de dormir casi 15 horas seguidas en el hostal de Nazca, nos levantamos temprano y partimos hacia la ciudad costera de Lima, llegamos aproximadamente a las 4 de la tarde, pillamos un taxi hacia Plaza de Armas, buscamos un sitio para comer (comimos un buen cebiche y un bisteck a lo pobre) y nos fuimos en busca del recomendado hotel España. Al llegar nos comunicaron de que la disponibilidad estaba bastante complicada, nos ofrecieron la única habitación que les quedaba libre, un cuarto hiper pequeño en la terraza, sin ventana y con olor a humedad y cloaca. Inmediatamente bajamos a pedir que nos cambien de habitación, nos dijeron de que en un par de horas se desocupaba otra que supuestamente era mejor, que podíamos dejar nuestras cosas, ir a tomar algo y al volver estaría disponible. Y eso hicimos, y hasta por prudencia esperamos más de dos horas en volver. Al regresar nos comunicaron que debido a un error, la habitación ya había sido ocupada, por supuesto que nos enfadamos un montón y se lo hicimos saber. Cogimos nuestras cosas y salimos echando pestes de allí, pero, llegando a la esquina, uno de los recepcionistas nos alcanzó y nos dijo que todo había sido un mal entendido y que sí teníamos una habitación buena para pasar la noche, disculpas de ambas partes, allí dormimos, y allí desayunamos junto a la agradable compañía de pavos reales, tortugas y papagallos. 
El hotel no era un hotel cualquiera, era un "Hotel Museo", según lo definían los trabajadores, lleno de obras de arte, colecciones fotográficas, cráneos y algunos animales para deleite de los turistas. 
Lamentablemente Lima no se dejo conocer mucho. Al dia siguiente, desde temprano, toda Plaza de Armas y las calles que la rodean estaban cortadas por cordones policiales que las protegían de los manifestantes que nunca vimos (Por suerte algo habíamos podido ver el día anterior).Como plan B caminamos por las calles comerciales y peatonales y por el Barrio Chino, en donde nos pillo desprevenidos un gas lagrimógeno, que por supuesto nos hizo llorar, arder la garganta y cambiar de dirección para poder llegar al hotel, recoger nuestras cosas y partir a nuestro siguiente destino, Mancora, costa norte peruana. 

Durante el trayecto de Lima a Mancora nos asustaron un montón sobre la seguridad del balneario, tanto que casi nos recomendaban no salir de hostal. Al llegar nos fuimos dando cuenta de que no ocurría nada, claro que había que tener un poco de precaución y cuidado, pero como en cualquier sitio turístico. 

Mancora tiene una playa muy bonita y los atardeceres allí son de película. 
Nuestra estadía aquí fue muy tranquila, comer, dormir, tomar un poco de sol y caminar por la playa. Una buena despedida del Perú, magnífico Perú. Próximo destino... Ecuador!!!














































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