jueves, 27 de junio de 2013

Ecuador

Nuestra estadía en Ecuador fue bastante breve, demasiado breve, sin embargo fue un país que nos encantó y nos dejó con las ganas de conocerlo más. 
Salimos de Máncora, nuestro último punto en Perú, a las doce de la noche, con destino a Guayaquil. Al subir al bus nos da la bienvenida un viajero que no hacia más que hablar incoherencias y molestar a los otros pasajeros. Al principio pensamos de que estaba borracho, pero como pasaban las horas y este hombre no se calmaba y no hacia más que molestar y ponerles los pies en la cabeza a Guille, nos dimos cuenta de que era un zumbado sin más. En un momento de la noche, cuando ya todos estábamos hartos de este señor, Guille se dio vuelta y con bastante enfado le dijo: "vamos a dormir un poco hombre, no?" Y así logró calmarlo.
Luego nos tocó hacer aduana, que por suerte en una misma oficina se encontraba Migraciones de Perú y Migraciones de Ecuador, así que sellamos salida en una ventanilla, sellamos entrada en la otra. (que dicho sea de paso yo no tengo ningún sello, entré y salí de todos los países con mi DNI argentino de los 15 años).
Llegamos a Guayaquil alrededor de las ocho de la mañana, apenas nos bajamos del bus nos dirigimos a las boleterías con la intención de comprar los pasajes a Montañita, los mismos costaban 10 dólares por los dos (la moneda del Ecuador es el  Dólar), no teníamos nada de cambio, sólo 100 USS, la señorita de la ventanilla no nos lo aceptó y todo el mundo a quien le preguntábamos dónde cambiar, se quedaban espantados con lo del billete de 100, al final tuvimos que pagar  3USS a un señor para que nos diese cambio, porque la única manera de obtener cambio sin pagar es en un banco central del Ecuador, en donde te analizan el billete con microscopio. 
Bueno, cambio conseguido, billete comprado, nos fuimos a desayunar y esperar el bus en la terminal de Guayaquil, la cual es súper moderna y nueva. 
Después de tres horas de camino, en su mayoría bordeando el mar, llegamos a Montañita, un balneario que lejos está de ser el tranquilo y despoblado sitió que nos imaginábamos, y eso que no era temporada. Son cuatro callecitas que desembocan en la playa repletas de hostels, discotecas, bares, restaurantes fast food, todo lo necesario para pasar unos días de reventón y descontrol.  
Como no era lo que buscábamos y nos habían hablado de que por la punta de la playa se conseguían hospedajes muy bonitos y súper tranquilos, fue allí donde nos alojamos, en el Surf Camp Balsa. El hotel, regentado por una francesa contaba aproximadamente con diez cabañitas hermosas de madera y paja, en donde los detalles y los bellos espacios comunes hicieron que pasáramos una estadía especial, tanto que casi no salimos de allí. Nos pasábamos el día tumbados en las hamacas o durmiendo siestas muy largas por primera vez en todo el viaje. Como en montañita pueblo no hay mucho que ver y el clima en está época del año es bastante malo (lluvias y neblina), a veces íbamos, comíamos algo, tomábamos algún cóctel con promoción de Happy Hour (Montañita es bastante caro en relación al resto de Ecuador) y volvíamos a nuestro pequeño edén a seguir descansando. Aquí la única molestia eran los mosquitos, pero para combatirlos se colocaban braseros con palo santo y hojas de limonero por todo el sitio, y claro, imprescindible, dormir con mosquitera.
Si bien Montañita no fue lo que esperábamos, nuestro paso por allí fue muy bonito, descansamos mucho, comimos bien y sobretodo hicimos un impas a nuestras ansias de conocer y hacer cosas todo el tiempo.
Cambiando playa por ciudad y con las pilas cargadas nos encaminamos a nuestro próximo destino: Quito.
Todo el mundo nos había hablado súper bien de la Capital de Ecuador, y la verdad es que tenían razón, la ciudad es fantástica, conserva intacto su pasado colonial, su historia y tradiciones, pero a la vez es dueña de una modernización no muy presente en las ciudades latinoamericanas. 
Llegamos a Quito muy temprano, a las cinco de la mañana, como pensábamos llegar más tarde, la idea era pasear un rato e ir a desayunar para poder hacer el check in a la hora correspondiente, pero como hacia bastante frío, teníamos sueño y a esa hora no hay mucho para hacer, nos fuimos al hotel que habíamos elegido previamente por internet y pagamos una noche completa para dormir unas horitas y así estar más despejados para poder conocer la ciudad. 
El primer día visitamos todo el centro histórico, entramos a la Basílica y subimos a sus torres para apreciar toda la ciudad desde lo alto, conocimos plazas, conventos e iglesias (hay más iglesias que fieles), comimos en un barcito destinado a gente del lugar y no a turistas, en donde el precio del menú fue de 3,5 dólares... por los dos. Tomamos un café que nos costo más caro que la comida y continuamos paseando por callecitas que invitaban a perderse en ellas. 
Cuando llegó la nochecita comenzamos a sentir un poco de frío, por lo cual decidimos ir a comprar comida al súper y cocinar en el hostal. La cocina del hostal era espectacular, tenía privilegiadas vistas panorámicas de la ciudad de Quito, aparte de bonitas terrazas en diferentes niveles. Guille cocino una sopa buenísima, tanto que de la cantidad que tomamos no fue necesario segundo plato. 
Al día siguiente, después de un buen desayuno en la terraza del hostel, nos fuimos a una feria de artesanías bastante grande ubicada en la parte nueva de la ciudad, en donde nos compramos algunos caminos de mesa y una frazada, luego almorzamos por allí y por la tarde fuimos a recorrer el barrio de Ronda, la parte bohemia y artística de la ciudad. 
Luego yo tenía la intención de subir al Panesillo (similar a un Cristo Redentor ubicado en una de las montañas que rodean la ciudad), y como Guille continuaba con molestias en su rodillas y los escalones y cuestas a subir y luego a bajar no eran pocos, decidimos separarnos, yo subir al Panecillo y él ir a algún museo. Así hicimos, el partió al Museo de la Ciudad y yo empece a subir, pero a poco de comenzar una voz perdida me decía "no subas, no subas", cuando  levanté la vista vi a una mujer joven que me gritaba desde lo alto de un convento y me decía "no subas, ya es tarde y peligroso como para subir sola, te van a robar", lo pensé un segundo y decidí no hacerlo, porque aunque nada me pasara ya estaba intranquila y no iba a disfrutar del paseo. Caminé un poco más por Roda y luego regresé a la parte histórica de la ciudad, me encontré con Guille y volvimos al hostel a cenar sopa nuevamente. 
Pasamos rápido por Ecuador, conocimos poco, pero nos encanto, podríamos decir que Quito es una de las ciudades que más nos gusto y la tranquilidad y descanso que tuvimos en Montañita no lo tuvimos en otro lugar a lo largo del viaje.

Ahora, próximo destino "Colombia tierra querida..." como cantan los colombianos. En breve la próxima y última crónica. 


































Sé que las fotos son bastante malas y la estética del blog bastante pobre, pero es lo que se puede ir haciendo con un teléfono, luego subiremos fotos más buenas sacadas con la cámara de Guille.

Petons

miércoles, 19 de junio de 2013

Últimos puntos de Perú. Arequipa, Nazca, Lima y Mancora

Después de la espectacular caminata hacia Machupicchu y nuestros últimos días en Cuzco nos decidimos a bajar un poco, si bien la idea siempre es subir, como habíamos tenido que estar en Cuzco en una fecha temprana y exacta , puesto que ya teníamos reserva para el treck de Salkantay y aparte queríamos ir unos días antes para prepararnos y aclimatarnos, nos habíamos saltado cosas interesantes en el camino. La idea era bastante clara, Arequipa y Cañon del Colca, Nazca y las Líneas. 
El día 6 por la noche cogimos un bus hacia Arequipa, debíamos llegar a las 6 de la mañana aproximadamente, a las 7 yo me desperté para ir al baño y vi por la ventana todo cubierto de nieve. No entendíamos lo que ocurría, había nevado un montón y no nos habíamos enterado, eran las 7 y aún no habíamos llegado... Preguntamos a la azafata cuanto faltaba para llegar y nos dijo que bastante, que debido a la nieve y los accidentes, el bus llevaba cuatro horas de retraso, por suerte para nosotros había sido una buena noche, de bus, pero buena.  
Llegamos a la terminal y un buen señor, con una buena estrategia de MKT nos convenció de hospedarnos en su hostal, el nos ofrecía información turística, taxi al hostal, hospedaje decente y desayuno por 40 soles. Como el tema sonaba un poco increíble y como ya veníamos un poco espantados con las pequeñas estafas que nos habían hecho, sin ningún pudor le pregunte si era verdad lo que nos ofrecía o si después nos iba a salir con algún martes trece cobrándonos extras inventados y el me contesto: " tranquila mami, tranquila,  es todo verdad, si quieres vamos, vemos el hostal, arreglamos allí  mismo y ya no me debes nada." Y así ocurrió, vimos el hostal y allí nos quedamos. 
Ese primer día lo dedicamos a dar vueltas por la ciudad, la cual nos pareció hermosa, y a buscar información sobre el Cañón del Colca. Al final optamos por contratar una excursión de dos días y una noche, puesto que Guille no tenía bien su rodilla como para caminar mucho o bajar y subir el cañón. 
Nos pasaron a buscar a la mañana siguiente por el hostal y comenzamos el paseo en un bus lleno de gente de todas las edades y nacionalidades. El primer día conocimos los volcanes y nevados que escoltan la ciudad, nos informaron sobre la obtención de la lana y la confeccion de los tejidos, también pasamos por pueblos típicos que fueron asentamientos de la colonia y almorzamos en Chivay, por la tarde fuimos a unas termas en donde la temperatura rondaba los 40 grados entre sus tres piscinas, una cubierta y dos al aire libre. Guille decidió no ir a las termas para descansar e intentar recomponerse un poco de su rodilla. Por la noche tuvimos una cena show, que para nuestro gusto fue un poco ridícula, el típico espectáculo para turistas sin media pizca de gracia. Pero bueno, fue lo que a nosotros nos pareció, todas las demás personas del público parecían súper contentas y no paraban de sacarse fotos con los músicos y bailarines. Durante la comida nos hicimos amigos de dos chicos, uno boliviano y el otro colombiano, que estaban por trabajo en Arequipa y habían aprovechado el fin de semana para conocer el Cañón. Con ellos nos fuimos a tomar unas cervezas y a bailar un rato a una discoteca del pueblo y resultaron ser, aparte de ingenieros, dos excelentes bailarines de cualquier ritmo musical, tenían un movimiento de cintura que deslumbraba a cualquiera, hasta yo, que se mover mi pandero al son de la salsa, me quede bastante inhibida. Ya cuando las cervezas comenzaban a ser peligrosas y los brindis repetitivos decidimos retirarnos. Soldado que huye sirve para otra batalla. 
Al día siguiente desayunamos a las 5:30 y a las 6:00 nos paso a buscar el guía para continuar la excursión. Primero pasamos por los pueblitos de Maca y Chinchollo entre otros, en donde visitábamos las iglesias de los pueblos que databan de la época colonial, los puestos de artesanías y en dónde la gente del lugar se paseaba con vestimentas típicas y nos ofrecían espectáculos de danzas autóctonas y sacarnos fotos con llamas, alpacas o halcones. 
La última parada del tour fue en el mirador Cruz del Condor, desde donde se observa la inmensidad del  Cañón con sus cóndores. Fue espectacular, no esperábamos ver tantos cóndores sobrevolando la falla y nuestras cabezas. Este Cañón es considerado el más profundo del mundo, más de 4000 mts de profundidad. Luego hicimos una pequeña caminata bordeando parte del cañón en donde nos iban informando un poco sobre la fauna y la flora del lugar. Como todo el sitio es una reserva, la reserva natural del valle de Colca, todo esta súper protegido, puesto que muchos de los animales llegaron a estar en peligro de extinción y ahora, poco a poco y con el aporte monetario de los turistas los van recuperando. 
Con todo visto, aunque un poco desde arriba, emprendimos la dura vuelta hacia la ciudad de Arequipa (digo dura porque fue larga, y aunque afuera hacia frío, en el bus llenísimo de gente se había formado un efecto invernadero y el chofer era reacio a poner el aire, íbamos un poco calcinados). 
El último día en Arequipa lo concedimos a los museos y a los hermosos patios internos de las casonas. Hay un montón de casas coloniales con patios inmensos que en la actualidad son destinados a galerías de arte o tiendas de diseño.
Museos visitamos el de arqueología y el de Santuarios Andinos.
Por la noche ya teníamos programado el viaje a Nazca.
Llegamos a la ciudad muy temprano y bastante cansados, al bajarnos del bus había un montón de personas que nos ofrecían de todo (bus, taxi, excursiones, hoteles, restaurantes, etc), decidimos pasar de ellos y buscar todo por nuestra cuenta. 
Una vez desayunados y con hospedaje elegido nos fuimos a la cruz roja, Guille estaba fatal de su rodilla y había pasado una mala noche. Allí nos atendieron muy bien, aunque de manera muy básica, no tenían los equipamientos necesarios como para realizarle una placa. "Tome estás pastillas y si no se compone, en su próximo destino pida una placa, en Nazca será difícil de conseguir"
La idea ese día era pasear por la ciudad y al día siguiente sobrevolar las líneas, pero como la ciudad de Nazca es bastante fea y no ofrece otra cosa que las líneas y alguna que otra excursión poco atractiva, nos tomamos un taxi y nos fuimos al aeropuerto a ver si podíamos conseguir mejores precios (en realidad el aeropuerto de Nazca sólo ofrece vuelos en avionetas para visitar las líneas, no hay otra clase de vuelos). Llegamos allí, preguntamos los precios en las seis o siete agencias que realizan el servicio y como todas cobraban y ofrecían más o menos lo mismo nos decidimos por la empresa que nos había recomendado el taxista. Después de pagar USS 170 por los dos y esperar una hora, comenzaba la aventura. Primero nos dieron una charla informativa sobre las precauciones en el vuelo "rudimentario" y como visualizar mejor las líneas, siempre mirar el ala de la avioneta, el piloto nos las señalaría con ella. Realmente espectacular, vale la pena viajar a Nazca sólo para verlas y pagar lo que se paga por sólo 30 min de vuelo. 
Las líneas son impresionantes y más lo son aún si se tiene en cuenta cómo se hicieron, lo cual ya se cree saber, al contrario de su función, que aún no tiene explicación, sólo se abarajan algunas hipótesis. No me explayaré en estas cuestiones porque seguramente no lograré explicarme tan bien como la Wikipedia, para el que le interese aquí os dejo el link: http://es.m.wikipedia.org/wiki/L%C3%ADneas_de_Nazca

Después de eso estábamos muy cansados y con el bajón post adrenalina, no quedo más opción que comer, pillar los billetes para el siguiente destino, Lima,  y dormir... hasta el día siguiente. 

Teníamos idea de no pasar por Lima, pero como debíamos ir subiendo y queríamos hacerlo poco a poco, reconsideramos en destino. Después de dormir casi 15 horas seguidas en el hostal de Nazca, nos levantamos temprano y partimos hacia la ciudad costera de Lima, llegamos aproximadamente a las 4 de la tarde, pillamos un taxi hacia Plaza de Armas, buscamos un sitio para comer (comimos un buen cebiche y un bisteck a lo pobre) y nos fuimos en busca del recomendado hotel España. Al llegar nos comunicaron de que la disponibilidad estaba bastante complicada, nos ofrecieron la única habitación que les quedaba libre, un cuarto hiper pequeño en la terraza, sin ventana y con olor a humedad y cloaca. Inmediatamente bajamos a pedir que nos cambien de habitación, nos dijeron de que en un par de horas se desocupaba otra que supuestamente era mejor, que podíamos dejar nuestras cosas, ir a tomar algo y al volver estaría disponible. Y eso hicimos, y hasta por prudencia esperamos más de dos horas en volver. Al regresar nos comunicaron que debido a un error, la habitación ya había sido ocupada, por supuesto que nos enfadamos un montón y se lo hicimos saber. Cogimos nuestras cosas y salimos echando pestes de allí, pero, llegando a la esquina, uno de los recepcionistas nos alcanzó y nos dijo que todo había sido un mal entendido y que sí teníamos una habitación buena para pasar la noche, disculpas de ambas partes, allí dormimos, y allí desayunamos junto a la agradable compañía de pavos reales, tortugas y papagallos. 
El hotel no era un hotel cualquiera, era un "Hotel Museo", según lo definían los trabajadores, lleno de obras de arte, colecciones fotográficas, cráneos y algunos animales para deleite de los turistas. 
Lamentablemente Lima no se dejo conocer mucho. Al dia siguiente, desde temprano, toda Plaza de Armas y las calles que la rodean estaban cortadas por cordones policiales que las protegían de los manifestantes que nunca vimos (Por suerte algo habíamos podido ver el día anterior).Como plan B caminamos por las calles comerciales y peatonales y por el Barrio Chino, en donde nos pillo desprevenidos un gas lagrimógeno, que por supuesto nos hizo llorar, arder la garganta y cambiar de dirección para poder llegar al hotel, recoger nuestras cosas y partir a nuestro siguiente destino, Mancora, costa norte peruana. 

Durante el trayecto de Lima a Mancora nos asustaron un montón sobre la seguridad del balneario, tanto que casi nos recomendaban no salir de hostal. Al llegar nos fuimos dando cuenta de que no ocurría nada, claro que había que tener un poco de precaución y cuidado, pero como en cualquier sitio turístico. 

Mancora tiene una playa muy bonita y los atardeceres allí son de película. 
Nuestra estadía aquí fue muy tranquila, comer, dormir, tomar un poco de sol y caminar por la playa. Una buena despedida del Perú, magnífico Perú. Próximo destino... Ecuador!!!