El trecking a Machupicchu era uno de los objetivos principales en este viaje. Lo teníamos reservado desde hacía mucho tiempo para asegurarnos el poder hacerlo. En realidad la primera intención era hacer el Camino Inca, que parece tener muchas ruinas por el camino de llegada a Macchupicchu y debe ser muy bonito, pero llegamos tarde para reservarlo y decidimos apuntarnos al trecking Salkantay que son 5 días de caminata.
El primer día pasan a recogerte por el hotel de Cusco a eso de las 5 de la mañana te meten en un bus y te llevan hasta Mollepata, a tres horas de distancia. Allí desayunamos y nos dividimos en dos grandes grupos, aunque todos haremos el mismo camino en los mismos días. Cada grupo de 12 turistas, más o menos, teníamos un guía, un cocinero, un ayudante de cocinero, un arriero y un grupo de caballos que eran los que llevaban las tiendas, la comida y parte de la carga personal de los turistas (5 kilos de cada uno de nosotros). Una vez organizados empezamos a caminar, alejándonos poco a poco del pueblo y cogiendo el ritmo de la caminata que al fin arrancaba. El primer tramo no era complicado, pero tenía partes de subida muy pronunciada que te hacían sacar la lengua y echarle un chorro de agua. Por fortuna los guías eran conocedores del camino y benévolos así que las paradas eran bastante frecuentes ese primer día, sobre todo a la mañana. Paramos a comer en una parte bastante alta y dejamos el camino más fácil, pero mucho más largo, para la tarde. La comida estuvo buena e hicieron una infusión de Muña, una planta que crece a esas altitudes para rematar la jugada. Nos tiramos en el cesped unos minutillos y en seguida empezamos a caminar de nuevo. Las cumbres nevadas que se veías muy lejanas a la mañana ya empezaban a estar más cerquita y el Apu Salkantay nos miraba desde lo alto. Los incas veneraban a las montañas y las llamaban Apus, eran lugares sagrados ya que les acercaban al sol, la luna, y las estrellas. Cuando caía la noche llegábamos a las faldas del Salkantay, al campamento de la primera noche. Allí hacía un frío del carajo y nos arrejuntamos a tomar un té y unas palomitas, galletitas, etc, que habían preparado los cocineros. Juan, nuestro guía, hacía todo el camino con nosotros indicándonos los caminos, las paradas, controlando y explicándonos cosas, y el resto del equipo iba caminando a toda leche de un punto a otro, preparando el campamento, las comidas, recogiendo todo... Se nota que están acostumbrados a hacer la ruta porque tienen fuerza y buen estado físico, y no perdían ni el aliento ni el buen humor. Casi seguido del té prepararon la cena y la devoramos en unos minutos. Después a las tiendas de campaña a meterse con toda la ropa puesta en un saco de montaña resistente a las bajas temperaturas para intentar aplacar el frío. Gracias a tanta precaución conseguimos dormir calentitos y descansar bastante bien nuestros machacados cuerpos, que no están acostumbrados a caminar 8 o 9 horas al día.
El segundo día era el más duro de la caminata, sólo durante la mañana había que subir de 3.600 a 4.600, y después bajar por el otro lado del Salkantay durante unas horas para llegar hasta el punto donde íbamos a comer. Como todo esto era mucho esfuerzo y muchas horas de andar ofrecían la posibilidad de hacer la subida en caballo, así que Valería se apuntó y subió a lomos de una amiga equina hasta el paso del Salkantay. La subida fue dura pero muy bonita, y la disfrutamos al máximo, poco a poco empezamos a conocer mejor a los compañeros de viaje y nos animábamos unos a otros cuando nos faltaba el aire. Ya en la parte más alta Valeria tuvo que abandonar a su yegua, que volvió al lugar del que empezamos a andar ese segundo día, y nos paramos un ratito a hacer fotos y una pequeña ceremonia a la Pachamama para pedir permiso y seguir caminando por los montes sagrados. En este caso la ceremonia era muy simple y sólo consistía en dejar unas hojas de coca debajo de una piedra y frotarse las manos con un aceite esencial de no me acuerdo qué hierbajo. Después empezamos a bajar y bajar y bajar por el otro lado de las montañas. Para la hora de comer ya habíamos descendido mucho y el paisaje había cambiado. Nos paramos en una pradera enorme con rocas de todos los tamaños una hierba muy mullida y riachuelos que bajaban desde las cumbres nevadas que dejábamos atrás. Era un lugar realmente bonito y todos estábamos hambrientos y cansados, así que fue un momento muy guapo. Incluso llegamos a dormir unos minutos tirados en la hierba al sol antes de arrancar la caminata de la tarde. Un valiente del grupo, el alemán Torsten, se bañó en el riachuelo helado, nosotros metimos los pies y nos pareció más que suficiente. A la tarde fuimos metiéndonos en una zona con mucha más vegetación, perdiendo altura y ganando temperatura y llegamos a un campamento muy bonito entre las montañas en el que pasamos la segunda noche. Segundo día superado con un alto grado de satisfacción. El cansancio se notaba, pero estábamos todos contentos y de buen humor, así que nos fuimos a dormir felices.
El tercer día volvió a arrancar bien prontito, te despertaban a eso de las 5 de la mañana llevándote un té de coca a la tienda de campaña, y en seguida preparaban el desayuno, y nos poníamos a caminar. Durante toda la mañana continuamos bajando y adentrándonos en paisajes selváticos, viendo como el río que nos acompañó durante toda la jornada iba recogiendo el agua de infinitos afluentes que lo convirtieron en un pedazo de río con mucha fuerza y un gran caudal. Mosquitos, subiditas, bajaditas, unas risas, unos resoplidos, comerse una fruta de la pasión y ver muchas en los árboles, chupar unos granos de café arrancados de la propia planta, unos cruces de pequeños barrancos con algo de aventurilla... Gran paseo. A la hora de comer finalizó la parte bonita de la ruta, el resto seguía por un camino de tierra con algo de tráfico de furgonetas que lo hicimos dentro de una de ellas con una musica infernal a todo trapo. Fue algo surrealista después de tanto silencio y tranquilidad ir en esa furgoneta con la cumbia a un volumen atronador, así que nos daba bastante la risa y llegamos al campamento de buen rollo, sobre todo pensando que a la tarde nos tocaba ir a las termas de Santa Teresa a diluir nuestro cansancio en agua caliente. En las termas gozamos como enanos, yo pensaba que me iba a aburrir a los 15 minutos, pero allí se estaba de vicio. Eran tres piscinas rústicas con agua caliente que manaba de las montañas, al aire libre, con vista a los picos nevados que acababas de pasar.... Mmmmm... A la noche estaba planeada una fiestecilla en el lugar donde ibamos a acampar ya que la cuarta jornada de caminata parecía ser más sencilla y no debíamos madrugar tanto. La fiesta, con su gran fogata y compartida con varios grupos de caminantes fue muy bien, un cosa tranquila y a gusto, pero un australiano de nuestro grupo se puso muy borracho y era una persona algo extraña y poco respetuosa, así que acabó dando un espectáculo a todo el campamento con sus gritos. No había manera de tranquilizar al animal en que se había convertido, y aunque varios lo intentamos todos nos dimos por vencidos y nos fuimos a dormir habiendo fracasado. Alguien incluso parece que le pegó una buena hostia y le hizo una herida en la ceja, pero nunca se ha sabido la verdadera historia al respecto. Cuando él parecía la única persona despierta del campamento comenzó a gritar y a lanzar amenazas a todo lo que se le ocurría, incluso lanzando piedras al edificio, propiedad del camping, en el que habíamos cenado. Todos estábamos metidos en nuestras tiendas preguntándonos en qué iba a acabar aquello. Por suerte después de un rato de hacer el ridículo en la oscuridad se cansó y se calló la boca. Todos a dormir.
El día siguiente empezó con pereza y una sensación extraña en el campamento. Nadie sabía como tomarse lo que había ocurrido y aunque Thomas estaba calladito y pidiendo disculpas todos estábamos un poco extraños. La gente del otro grupo se fue a hacer tirolina durante la mañana y los de nuestro grupo nos quedamos intentando aclarar lo ocurrido para que no ocurriese nada peor. A mí me empezó a doler un poco la rodilla pero no le di importancia y me animé a seguir andando durante toda esa jornada, medio arrepentido de no haber hecho la tirolina, y Vale hizo el primer trozo de caminata en autobús con Patricia, una mejicana del grupo. La verdad es que fue la parte más fea del recorrido, y la rodilla me dolía cada vez más, así que después de un rato estaba doblemente arrepentido de haber elegido andar durante toda esa mañana. Al mediodía llegamos a Hidroeléctrica y paramos a comer. Durante toda la mañana habíamos visto la cómo la industria invadía terrenos que algún día habían sido muy hermosos, cómo arrancaba las piedras del paisaje y las procesaba para hacer construcciones en otros lugares, cómo alteraba el curso del río a su antojo para poder sacarle un provecho... Todo esto mezclado con un poco de resaca, los recuerdos aún muy vivos de Thomas amenazando al aire, el dolor de la rodilla, etc, hicieron de esa mañana la parte más fea del viaje. Lo bueno fue que caminé mucho rato con Torsten, el alemán, y nos hicimos colegas, es un tío muy grande y pudimos hablar tranquilos en nuestro dubitativo inglés, fue divertido. Y el camino de la tarde fue muy bonito. Ibas todo el rato por las vías del tren, bordeando el río Urabamba, que es la razón por la que la industria se ha asentado en la zona un poco más baja. El río es muy grande y sinuoso, vas caminando en un valle rodeado de montañas muy altas y muy cercanas, con un desnivel muy pronunciado, niebla en algunas partes de las montañas, y de repente, cruzando un super puente sobre el río se divisa en las alturas un pequeño trozo de Machupicchu. Pueden apreciarse las terrazas que construyeron en uno de los lados de la ciudad para soportar las construcciones que fueron haciendo en las partes más altas. A pesar del dolor de rodilla pegué un salto para celebrar esa magnífica visión, después de tanto andar, por fin, Machupicchu estaba ahí. La caminata de la tarde acababa en el pueblo de Aguas Calientes, y allí teníamos todos habitaciones en un hostal, con cama, y ducha caliente. Cenamos en un restaurante, tomamos unos pisco sours, y a dormir hasta las 4:30 que era la hora de encuentro por la mañana. El motivo de tan temprana hora era llegar bien prontito a Machupicchu para poder visitarlo antes de que se llene de gente hasta los topes. Hicimos la subida hasta la entrada del parque en autobús, que ya habíamos andado suficiente, mi rodilla seguía mal y teníamos que subir ese día al Waynapicchu, así que nos ahorramos esa parte y entramos directamentey a la ciudadela de Machupicchu a las 6.00 de la mañana. La visita a esa ciudad abandonada es algo increíble, realmente es difícil explicar las sensaciones que producen ver las construcciones que hicieron a esas alturas, espero que las fotos que pegaremos en el post ayuden en eso.
Machupicchu es en realidad el nombre que tiene la montaña en la que se encuentra la famosa ciudadela, y su nombre significa montaña vieja, desde una parte de la ciudadela se puede pasar a otro pico que está junto al primero y que se llama Waynapicchu, montaña joven. Dimos una vuelta un poco rápida por Machupicchu con nuestro guía Juan explicándonos varios puntos de la ciudad y algunas curiosidades de los incas y luego nos despedimos de él y nos quedamos a pasar el día por allí hasta la hora que cada uno tenía su tren de regreso a Cusco. Nosotros paseamos por la ciudadela y después subimos al Waynapicchu, que cuesta un poco de esfuerzo pero recompensa poder ver la ciudadela desde otro ángulo y al final acabas en un pico muy alto y muy estrecho rodeado de ruinas y con unas vistas espectaculares. La verdad es que nos limitamos a esos dos puntos, mi rodilla no me permitía caminar bien y tuvimos que dejar algunos sitios muy interesantes sin visitar, como la puerta del sol, el puente inca... es una pena, pero bueno sólo poder estar allí ya es algo impresionante, haber visto salir el sol desde Machupicchu será un gran recuerdo para toda la vida.
Volvimos a Cusco en un tren lleno de turistas, que viaja a 2 km. por hora, y que cuesta una fortuna, así que aunque el recorrido es bonito a mí me pareció un robo y no lo disfruté demasiado. Además a medio camino te bajan de allí y te meten en un autobús para poder llegar hasta Cusco. Una vez allí volvimos al hostal donde estuvimos los días previos a la caminata y decidimos quedarnos otros tres días en la ciudad para poder descansar un poco y visitar algunos lugares del valle sagrado de los incas.
Fuimos al barrio de San Blas en Cusco, muy bonito y lleno de gente joven, artesanos y comercios bonitos. Compramos un ticket que nos daba acceso a varios lugares del valle sagradoy en esos días hicimos excursiones organizadas a lugares como, Maras, Moray, Pisac, Ollamtaytambo, Chincheros.... Son todo lugares cercanos a Cusco y todos ellos tienen ruinas incas. En unos se ven ciudades, cementerios incas en la montaña, lugares con terrazas circulares para conseguir cosechar plantas que sólo crecen en climas diferentes, el templo dedicado a la Pachamama.... La verdad es que todas las construcciones eran impresionantes, da mucha lástima que las hayan destrozado en ese intento de cristianizar América, aunque ciertamente la cristianizaron porque hasta hoy en día me da la sensación de que la gente es más religiosa por aquí que en Europa. Las excursiones eran un poco para jubilados, todo muy organizado y un poco pelmas. A mí ese ritmo me iba bien porque mi rodilla no me dejaba andar cómodamente así que pudimos visitar bastantes sitios tranquilamente, lo peor era el dolor en los momentos de autobús, me dan una especie de ataques que al rato se pasa y más tarde vuelven... En fin la rodilla después de muchos días va mejorando, pero sigo un poco mosqueado con el alcance de la lesión, me llevo un curioso souvenir de Machupicchu.
Conclusión: venid todos a Cusco YA, es una bonita ciudad y tiene muchas cosas para ver en los alrededores, y por supuesto que nadie falte a Machupicchu.
Saludos.
Guille.






































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