lunes, 27 de mayo de 2013

Potosí y Sucre

Después de la magnífica experiencia del Salar de Uyuni nos encaminamos hacia Potosí. El viaje fue bastante duro, íbamos en un bus llenísimo de gente y mercaderías varias, con la cumbia boliviana a tope y las luces apagadas.
Llegamos a la ciudad muy tarde y con mucho frío y como la antigua terminal no quedaba cerca del hostal en donde habíamos reservado, decidimos tomar un taxi, que aparte de llevarnos nos hizo un pequeño city tour nocturno enseñándonos donde estaba la casa de la moneda, la plaza principal, el Bulevar y el cerro rico.
Como ya era demasiado tarde, doce de la noche aprox, no teníamos más opciones que dormir y así fue.
A la mañana siguiente nos dedicamos a pasear por la ciudad, sus calles aún conservan el estilo colonial y la mayoría de las mujeres van vestidas con sus atuendos típicos - trenzas, sombrero tipo bombín, chal, falda plizada, sandalias y su cargamento a la espalda, niño o mercadería - .
A pesar de que es una ciudad muy pobre, no lo es tanto como Tupiza o Uyuni, en Potosí el ambiente es diferente, hay más clima de ciudad, y aparte de ser una de las ciudades más altas del mundo, es la que más abogados y fotocopiadoras tiene por cuadra, es verdad, esta llenísima de estudios de abogados dedicados y especializados en todas las ramas legales y negocios que sacan fotocopias en todas sus variantes.
Ese día acabo con una cena de 3 platos buenísimos por 35 bolivianos cada uno. Pesados y con principios de mal de altura nos fuimos a dormir, puesto que las cuestas de Potosí nos hacían parar cada dos por tres a tomar aire y reponernos.
Para el día siguiente teníamos programada la visita a la mina de plata del Cerro Rico. Nos pasaron a buscar a las 8:30 por el hotel, nos dieron un equipo apropiado para entrar a la mina, el cual incluía casco y botas. Antes de llegar nos hicieron comprar los regalos a los mineros (hojas de coca, tabaco, y alcohol potable de 96 grados) y nos explicaron el porqué de esos regalos: soportar la tortura que es trabajar en la mina.
Y si que es una tortura, de hecho yo entré y a los 20 minutos pedí salir, me agobié un montón cuando vi los sitios por los cuales tenía que empezar a meterme, sitios extremadamente diminutos y peligrosos, en donde un derrumbe podía ser muy probable, de hecho, al entrar a la mina, ocurrió uno pequeño a nuestro lado. No sé cómo explicarlo, todo era desesperante, el olor, la humedad, la temperatura, la oscuridad, el polvo, las filtraciones, los espacios extremadamente pequeños. Y al salir y no haber concluido la visita me quede sola afuera pensando en lo duro que es trabajar y casi vivir allí y en el porqué no me anime a entrar del todo. Y bueno, tampoco tengo mucha respuesta. Más de la mina les podrá contar Guille, él sí que entró hasta el final y habló con los mineros.

Después de eso, pasamos por el hostel, buscamos nuestras mochilas y ropa que habíamos dejado para lavar (a Guille le devolvieron todo rosita por culpa de una camiseta mía), dimos un paseo más, fuimos a comer y luego tomamos el bus con destino a Sucre.
A Sucre llegamos también de noche, pero no muy tarde, tipo nueve, y en el camino de la terminal al hostel pudimos ver los grandes edificios céntricos con sus magnificas iluminaciones.
Tenía la idea de que Sucre iba a ser una ciudad pequeñita, casi pueblo, y no, nada que ver, es una ciudad bastante grande, rica y más de estilo europeo.
Allí estuvimos dos días, paseando y descansando en un excelente hotel llamado " La Casa Verde", en donde su dueño, el belga Rene, nos atendió la mar de bien.

Nuestro siguiente destino era Copacabana, Isla del Sol, Isla de la luna y Uros, y como vamos con el tiempo bastante justo decidimos tomar un vuelo hasta La Paz y de allí ir en bus a Copacabana, pero todo esto en el próximo post.



























lunes, 20 de mayo de 2013

Entrada a Bolivia y el salar de Uyuni.

Ya hemos entrado en Bolivia. Llegamos a La Quiaca, el último pueblo del norte de Argentina, en un autobús, allí nos bajamos, comimos algo y fuimos al paso fronterizo a pie. Ibamos con Nina, la compañera francesa/mejicana y pasamos la frontera sin complicaciones. Las cosas se complicaron después. 
En Bolivia hay un descontento bastante grande con su presidente Evo Morales, cosa que a mí me sorprendió ya que pensaba que era querido por su pueblo. Parece que lo ha sido durante un tiempo, pero cada día hay más manifestaciones del descontento que sufre el pueblo Boliviano. La vida aquí parece difícil y no tienen muchos recursos para vivir cómodamente. La Quiaca y Villazón están separados por un río, así que perfectamente podrían ser el mismo pueblo pero uno pertenece a Argentina y el otro a Bolivia y la diferencia de un lado del río al otro es bastante grande, la pobreza se hace notar en el lado boliviano. Nada más cruzar la aduana nos enteramos de que los cortes en las carreteras principales seguían vigentes y que moverse por dentro del país es algo bastante complicado. Varios gremios, médicos, mineros, maestros....están pidiendo un aumento de las jubilaciones y su manera de protestar es cortando las carreteras y vías de tren, así que nuestro plan de coger otro bus y subir a Tupiza no era tan sencillo. Finalmente nos juntamos con una chica de Australia y un tio de Israel y acordamos ir en taxi con un aguerrido conductor.
La primera media hora de viaje fue por una zona de poblados áridos y polvorientos en los que la pobreza era la que gobernaba, el chófer eligió ese recorrido para evitar la carretera asfaltada y sus cortes, y los cinco, seis contando al conductor, ibamos apretadísimos en la furgoneta y con una sensación un tanto extraña, entre el temor a que algo malo pudiese ocurrir y la tristeza de ver la gente sin recursos viviendo entre el polvo y las piedras en sus casitas de barro. Al final sorteamos el corte y agarramos la carretera un poco más adelante. Hicimos unos cuantos kilómetros hasta el siguiente corte y allí bajamos del taxi para cruzar el bloqueo a pie y pillar otro taxi al otro lado para finalizar al recorrido hasta Tupiza. Pasamos andando con nuestras mochilas y la gente que había llenado la carretera de piedras nos saludaba amigablemente, algunos nos invitaban a hacer fotos y a hacer llegar su protesta al extranjero. Así lo haremos y ojalá encuentren una solución para poder mejorar su calidad de vida. Al otro lado del bloqueo nos subimos en un minibus que  estaba a medio llenar y que nos llevó a Tupiza. Reservamos una noche en el hostal Anexo Mitru. Allí averiguamos excursiones por la zona para hacer al día siguiente y gracias a la ayuda de Nina y la chica australiana dimos con otro hostal, al que fuimos al día siguiente, que hacían excursiones más acordes a nuestra celeridad de viaje (el 3 de julio tenemos que estar en Colombiaaaaa....). Así que reservamos la excursión de dos días al salar de Uyuni con el hostal/tours Los Salares sin saber exactamente si la hariamos la mañana siguiente o el día después debido a los cortes. "Por suerte" fue un día más tarde y pude dedicar la mañana siguiente a resolver mis problemas con el banco con la inestimable ayuda de mis padres desde España. Ya veremos en qué queda la cosa...Al mediodía nos cambiamos al otro hostal y pasamos el resto del día tranquilos, siestón incluido. Durante la mañana los cortes se habían intensificado y ahora incluían algunas calles de dentro del pueblo, también vimos una manifestación en contra de los cortes y el recepcionista del primer hostal me dijo que hacía falta una guerra civil. Casi me cago encima. 

El hostal Los Salares nos gustó más, estaba al otro lado de la carretera principal, casi fuera del pueblo, y además ya estábamos en el punto de salida para la excursión que comenzaba a las 7.00 de la mañana. Cenamos en el hostal con gente de allí, nos dimos cuenta de que la altura hace que las lentejas y la pasta tarden horas en cocerse (o eso dedujimos, aunque creo que nadie lo había escuchado ni lo hemos comprobado en internet) y nos despedimos de Nina de manera definitiva, no creo que volvamos a encontrarnos en este viaje. 

El sábado comenzamos el viaje prontito, los fines de semana no hay cortes, así que no hubo complicaciones, y los días de entre semana cortan las carreteras de 6 de la mañana a 6 de la tarde, más o menos, y la gente aprovecha para desplazarse a esas horas, los transportistas llevan sus mercancías.... Nosotros nos montamos en el jeep con Segundino y Liset, el guía del tour y su hija, encargada de la comida y de marearse y echarse siestas en el coche. 
La primera parte de la mañana fue entre montañas, con mil curvas, subidas y bajadas y un paisaje muy bonito, pero bastante seco. Fuimos ganando altura y perdiendo grados. Cuando paramos a comer hacía un frío del carajo. Lo hicimos al lado de la carretera, con el "buffet" colocado en el maletero del jeep. Parada cortita y más kilómetros. Fuimos pasando pueblitos pequeños y semiaislados que vivian de la minería o de la cría de llamas, eso calmó un poco mi cargo de conciencia de cuando me comí un filete de llama (animal exótico para mí) en Purmamarca, ya que Segundino nos explicó que vender la carne de sus llamas es la unica manera de conseguir dinero para muchas de esas familias, y lo sabía bien ya que pasamos por el pueblo en el que se había criado y su familia se dedica a ello. 
Otro pueblo que visitamos fue San Vicente, este se dedica en su totalidad a la extracción de minerales. Era una empresa extranjera, Pan American Silver, la dueña de la explotación y mantenía una seguridad y vigilancia en el pueblo que no daban ningún buen rollo. Cuando le pregunté a Segundino si la gente estaba contenta con la presencia de estas empresas extranjeras me dijo que mucha gente lo acepta porque les dan trabajo y el país parece no tener los medios para hacer la extraccion, así que aunque no les gusta la situación no parecen saber cómo escapar de ella. 
Después pasamos por Rio Grande, mientras Segundino rellenaba el depósito del jeep con los bidones que llevaba en la baca dimos una vuelta por el pueblo y volvimos al coche pensando en lo dura que es la vida de la gente de estos lugares, el clima es seco, el viento levanta un polvo que no te deja ni abrir los ojos o la boca, no tienen carreteras por las que acceder a las comodidades de la ciudad, no pueden ni cultivar la tierra.... En fin, algo realmente jodido.
Segundino y otra gente de Tupiza, los dueños de hostales, agencias de tours, restaurantes, etc... están impacientes porque se acaben los bloqueos ya que el turismo se ha convertido en una manera de ganarse la vida menos cruda que la minería o la cría de llamas, y después de ver estos pueblos la verdad es que las palizas que se meten los guias para llevarnos a todos los turistas de un lado a otro parecen ser una forma de vida menos extrema.
Cuando caía la noche llegamos al hotel en el que pasamos la noche todos los turistas, en puerto Chuvica, es un edificio de una sola planta hecho completamente de sal, bueno, las paredes, los cimientos y el techo no. Extraen grandes bloques del salar, les dan forma de ladrillo y los pegan con una masa de sal que acaba endureciéndose. Es realmente bonito y todos los suelos tienen una capa de sal muy gruesa que hace un agradable sonido al caminar sobre ella. Antes de que anocheciese del todo paseamos un poquito por el pueblo, hicimos unas fotos y jugamos un ratito con los niños de allí. Os aseguro que hacer el caballito y dar vueltas a un chiquillo para que se le separen los pies del suelo y "vuele", todo esto a unos 3.600 de altura es realmente agotador. Volví al hotel de sal sin aliento. Cenita y a la cama.
Al día siguiente nos levantamos a las 5.30 para salir corriendo a ver la salida del sol desde dentro del salar. Iba clareando según entrábamos en el salar y el paisaje se fue convirtiendo en un blanco infinito por los cuatro costados. No sé si por suerte o desgracia estaba ligeramente nublado, así que no pudimos ver justo la salida de la gran bola de fuego, pero la compensación fue un cielo con nubes dispersas mucho más rico en colores y formas. Paramos un momento para sacar unas fotos y pisar por primera vez aquello que parecía nieve helada pero que todos decían que era sal. Tenían razón, era sal, aunque por el frío que hacía bien pudiera haber sido la otra opción. 
La siguiente parada fue en la isla de Incahuasi una roca inmensa en medio del salar que está cubierta de coral petrificado y llena de cardones. Allí se hace una pequeña excursión super guapa, y luego el gran desayuno, que a esa hora ya teníamos hambruna. Siguiente parada en Coquesa, otra especie de isla en el salar, pero esta no está totalmente rodeada de sal, sino que se encuentra en el borde del salar y en ella se encuentra en volcán Tunupa, de cumbre nevada y altura imponente. Hicimos una excursión a una cuevita en la que se encontraron momias de una cultura preincaica, y allí estaban los restos de 7 personas que fueron enterradas en esa misma cueva. Impresionaba bastante verlas, como cada vez que miras restos humanos bien conservados, puedes apreciar detalles estremecedores de sus dedos, pelos, expresiones.... 
Después subimos a un mirador que tenía vistas al cráter del volcán, pero la subida era bastante empinada, el tiempo no jugaba a nuestro favor y la altitud tampoco, así que en un momento Vale decidió pararse y volver despacito al coche, donde se había quedado Liset, porque el mal de altura le estaba afectando ligeramente.
Así que Segundino y yo seguimos el paseo y llegamos al mirador. Bonito, pero nada espectacular, simplemente el volcán que ya habíamos visto pero un poquito más cerca y vistas al salar por el otro lado. En esa isla había otro grupo de turistas que subieron hasta arriba y me dió un poco de envidia esa excursión, aunque no sé si habría aguantado semejante paliza. 
El tiempo apremiaba porque queríamos llegar a Uyuni a las 13.00 para pillar el bus a Potosí, así que el resto del día fue un poco acelerado, pero aún así llegamos tarde. En ese trozo de día vimos la primera construcción de sal hecha en la zona, un hotel que por estar dentro del salar fue cerrado y reconvertido en un museo feo, las extracciones de sal, que simplemente la rascan, hacen montoncitos y la cargan en camiones, y el pueblo que tiene licencia para explotar el salar. En este pueblo hay un montón de puestos de artesanías, los hay por todos lados en Bolivia, y las casitas de las familias que procesan la sal. Por suerte Segundino compró un pedido grande de sal y vimos cómo lo hacían con la excusa de acompañarle en su compra. Primero la secan con un horno de leña que calienta una gran superficie donde colocan la sal, después la muelen, le añaden yodo para evitar el bocio y la empaquetan. Es un proceso bastante sencillo así que las familias no necesitan una gran infraestructura para poder trabajar la sal.
Desde allí fuimos directos a Uyuni, pero llegamos tarde para el bus de las 13.00 y tuvimos que hacer tiempo comiendo, paseando.... Un sufrimiento, ya os imaginaréis.... La verdad es que el pueblo no nos gustó demasiado, pero sólo fue una espera de unas horitas hasta que a las 18.30 llegó el bus que nos llevaría hasta Potosí. El viaje fue un infierno, venden muchos más billetes que el número de asientos del bus, así que mucha gente va de pie, con muchos bultos, pero lo peor de todo fue la música que aparte de ser muy fea estaba insoportablemente alta. Fue bastante surrealista ver cómo el conductor apagaba las luces invitando a dormir y acto seguido subía el volumen invitando a bailar.... Pero bueno, aproveché el tiempo para escribir parte de esta entrada, el resto la estoy acabando en Potosí, pero de eso ya os contaremos otro día.
Bueno, el otro día hice un post la mitad de largo que éste y os pedí perdón por la txapa, hoy me lo ahorro porque si alguien ha llegado hasta aquí es porque no le ha parecido tan insufrible, o porque es mi mamá. Besos amatxo.

Salud.


















jueves, 16 de mayo de 2013

Purmamarca y Tilcara

Purmamarca y Tilcara

A Purmamarca llegamos alrededor del medio día, conseguimos un Hostel bastante presentable a comparación de los otros en los que veníamos durmiendo, y nos encaminamos a buscar un sitio para comer.
El pueblo, muy pequeñito, consta de una plaza, una iglesia y las calles que rodean a estas. El sitio nos pareció especialmente lindo, tiene magia, encanto y una tranquilidad particular, aunque sospechamos que está un poco preparado para el turista, por la mañana temprano llegan los buses con los trabajadores, y al caer el día se retiran, es como que allí no vive mucha gente autóctona, los espacios son destinados a bares, restaurantes y casas de artesanías, pocos son a la vivienda (cosa que no nos pareció en Tilcara).
Decidimos comer en un restaurante muy bonito, con decoración típica y cocina del lugar. Yo pedí estofado de cabrito y Guille pidió entrecot de llama con salsa Serafina y papas andinas y un vino del Cafayate. Buenísimo todo!!!
Por la tarde yo me fui a caminar, sacar fotos y ver las artesanías (me compraría todo y decoraría la casa que no tengo con esas telas y adornos chulísimos que venden). Guille se quedo en el hostel, tomando mates y haciendo cosas en internet.
Por la noche, sopa, vino y a dormir.
El pueblo de noche es mágico, esta iluminado por farolas muy tenues, la neblina nocturna flota por las calles, todo duerme, todo es calma y de repente se puede escuchar algún ritmo del altiplano o alguna chacarera proveniente a algún bar que continúa abierto.
Al día siguiente desayunamos, preparamos las mochilas y nos fuimos a caminar, conocer más del pueblo, y a sacar las últimas fotos puesto que antes del medio día queríamos partir para Tilcara, y así fue.
Tilcara es mucho más grande, tanto en extensión, como en densidad y a pesar de que vive del turismo, también tiene una vida fuera de ello.
Aquí hay más presencia de gente del lugar, las collas con los bebés a la espalda, o las señoras y señores mayores sentados en las esquinas con su vestimenta característica, todo un ambiente más norteño.
Al llegar e instalarnos en el Hostel, e inmediatamente nos fuimos a conocer el Pucará, junto con sus ruinas y sus vistas panorámicas.
Por la tarde noche, paseo, vino y Peña.
Al día siguiente teníamos la intención de hacer la excursión de las Cuevas de Waira, pero como por la mañana nos colgamos un poco y además tuvimos que hacer trámites bancario debido a un problema con la cuenta de Guille y por la tarde el guía decidió no hacerla, no nos quedo más opción que hacer la de la Garganta del Diablo, la cual nos gusto mucho, pero no nos quito las ganas de la de las cuevas.
Por la noche decidimos comer en el hostel y Guille hizo un revuelto buenísimo para todos (en realidad quería hacer una tortilla, pero como no había ningún elemento para darla vuelta, debió ser un revuelto, de todos modos riquísimo).
Y bueno, ahora mismo camino a la Quiaca, hacer aduana, pasar a Villazon y llegar a Tupiza.

En breve más...

















lunes, 13 de mayo de 2013

Salta. Ruta a Cachi. Parque Nacional de los Cardones. Angastaco. San Carlos.

El día comenzó prontito, a las 8 venían a buscarnos al hostel Juan, el guía y conductor del coche, y Antoine? Antoinnee? Antuán? Un tio de Luxemburgo que apareció a última hora de ayer y posibilitó el viaje, porque sino deberíamos haber pagado su billete para que la excursión se pudiese hacer, y no estábamos dispuestos a ello. Por suerte llegaron un poquito tarde y pudimos comernos un par de criollos de hacía dos meses (son unos bollitos típicos de Argetina que suelen estar blanditos y ricos, pero éstos estaban más duros y secos que las piedras de la zona semidesértica en la que estábamos).
Juan, el guía, consiguió habilidosamente meter a cuatro turistas con sus respectivos mochilones en un coche, y trás pasar por su casa para dejar la bandeja que suele tapar el maletero comenzamos el viaje. 
Las carreteras eran de ripio y la velocidad del viaje fue lenta, así que fueron muchas horas para movernos por unos 200 kilómetros de paisaje variado.
La primera parte era una zona árida como ella sola y con formaciones rocosas realmente bonitas. Se podían ver algunas casas sueltas durante el camino, muchas abandonadas, medio derrumbadas y desechas por la lluvía ya que están hechas con adobe y la mayoría sin revocar. La forma de vida parece muy dura porque lo único que logran hacer crecer en sus huertas son cebollas que venden en los pueblitos o a los camiones que suelen pasar a recoger las cosechas. Casi todos tenías cabras y/o llamas como animales de granja. Después de unas horas de carretera, polvo y mocos negros, pasamos a otra zona igual de seca pero sin vistas tan bonitas, y casi todos aprovechamos para echar una cabezadita en el coche entre baches, golpes de piedras y cabezazos al cristal. Entre tanto pasamos por algunos pueblitos como Angastaco o San Carlos, el segundo pueblo más antiguo desde que se proclamó la República Argentina. 
Ibamos haciendo paradas para sacar fotos, mear o estirar las piernas, y así, poco a poco, llegamos a Cachi a la hora de comer. Un poco antes paramos en una especie de granja con una iglesia que era como un oasis entre tanto paisaje casi inerte. Estaba situada al borde del río Calchaquí, que a esa altura tenía un poco más de caudal y permitía sembrar más cosas que las cebollas. Antiguamente el pueblo al cual pertenecía la iglesia estaba entre la iglesia y el rio, hasta que una subida de las aguas se lo llevó por delante y dejó la iglesia en mitad de la nada. Después se construyó la granja detrás de la iglesia y así sigue, habitada por descendientes de la cultura Calchaquí y algún "extranjero" que mantienen todo en pie: la granja, el molino, la iglesia, un restaurante y la tienda de artesanías.

Ya en Cachi probamos la humita, maíz molido con queso de cabra envuelto en las hojas del propio maíz, que no se comen, y dimos una pequeña vuelta por el pueblo antes de seguir viajando. Después de un rato de subida llegamos al Parque Nacional de los Cardones, que son los cactus típicos de las pelis del oeste, había miles, y sus únicos compañeros vegetales eran Jarillas y algunos matojos bajitos que posibilitaban la vida de los primeros años de los cactus protegiéndolos un poco del sol hasta que se hacían lo suficientemente gordos como para soportar el solazo por sus propios medios. Asi que el paisaje era impresionante, los cardones alcanzan alturas de 3 o 4 metros con mucha facílidad y todo lo demás no levantaba dos palmos del suelo.
Cada vez estábamos a mayor altitud, llegando a alcanzar los 3.500 metros en el punto más alto, bonitas vistas hacia un lado de la motaña y vistas hacia el interior de las nubes por el otro lado. Después bajamos por una carretera que empezaba a tener trozos asfaltados y mucha pendiente y finalmente llegamos al punto final de la ruta el pueblito de El Carril. Allí nos despedimos de Juan que nos dejó en una "parada" de bus sin señalización alguna, sino llega a ser porque había gente esperando podríamos haber pensado que nos tiró en la cuneta. Entonces comenzó la última odisea del día; primero la forma de pagar el viaje de bus hasta Salta, que era con una tarjeta que ninguno de los cuatro teníamos, así que revolucionamos el autobús para encontrar a alguien que pasara su tarjeta para nosotros y nosotros le pagábamos el  valor del viaje en dinero. Mientras lo conseguíamos el bus fue siguiendo su camino y en la siguiente parada se subieron aproximadamente medio millón de personas, así que nosotros con las mochilas en medio, molestando a todo al mundo, y hablando con acento raro eramos la atracción del lugar. Pero sobrevivimos! 
Al llegar a Salta fuimos los cuatro al hostel en el que había estado Nina, la chica francesa con acento mejicano con la que hemos compartido estos días, y que resultó barato y cómodo.

A la mañana hemos ido a Correos a ver si habían llegado las guías que mi hermano Peko y su pareja Maaike nos habían enviado a Salta, pero aún no habían llegado, así que seguimos de viaje sin ellas, una lástima porque no podremos disfrutarlas y además ellos dos ya no las tendrán en su biblioteca.

Ahora ya estamos de camino a Purmamarca, Jujuy, en otro bus de dos plantas, sentados otra vez en la primera fila del segundo piso, tomando el mate que acabamos de comprar para estos momentos y escribiendo la pedazo de chapa que os acabo de meter. Así que ya os dejo en paz. 

Sed felices. 
Agur.




domingo, 12 de mayo de 2013

Casona del Molino y Cafayate

Casona del Molino

El otro día explicamos hasta justo antes de ir a la peña "La casona del molino". Fuimos a esa peña porque nos la recomendaron en Córdoba como la más auténtica de Salta, y realmente lo era, no conocimos el resto, pero en esta sigue vigente la tradición de tocar sentados en las mesas, corear las canciones, compartir la música y el vino de una manera muy cercana. Parece que en las otras el turismo ha hecho que se construyan escenarios, se cobre entrada y asistas a un espectáculo más organizado cuando en realidad, lo más bonito es ver cómo las guitarras y bombos van cambiando de manos, cómo se respetan el turno para cantar entre las mesas o cómo cantan todos juntos una canción que empezaron los de la mesa de al lado. La verdad es que fue una gran noche. A media noche estabamos a punto de irnos porque la cosa no estaba muy animada y el cansancio del día nos obligaba a bostezar 15 veces por minuto, pero de repente la fiesta se apoderó del lugar y acabamos saliendo de allí a las 5 de la mañana. Cuando cerraron.... Nunca había estado en un lugar en el que se comparta la música de manera tan bonita y me hizo pensar en lo que la música representa, que es ese sentimiento de hermandad y de sentimientos comunes que queremos expresar y no hay mejor manera de hacerlo que a pleno pulmón, no había amplificador alguno en el local.

Cafayate y Quebrada de las Conchas

Cafayate y Quebrada de las Conchas.
Después de pasar una noche en la "Casona del Molino", dormir cuatro horas y soportar una importante resaca nos decidimos ir a la terminal de Salta con la intención de coger un bus hasta Cachi:
Vale: " hola, si, buenos días, queremos ir a Cachi..."
Sra de información de la terminal: "si, la empresa Marcos Rueda los lleva, el próximo bus sale a las cuatro de la tarde"
Vale: "Y que hora es?"
Guille: "Las 11:30"
Vale: "y a Cafayate??
Sra de información de la terminal: "A las 13 hs."
Vale: "Vamos a Cafayate no??
Guille: sssseee!
Sra de información de la terminal:
"Boletería 15"

El trayecto, el cual nos pareció súper bonito, duro 4 horas y para nuestro disfrute lo realizamos en un bus de dos plantas y en los primeros asientos, con vista panorámica.
Al llegar nos esperaban un montón de personas que nos ofrecían sus hostales a precios muy baratos, al final nos decidimos por un hostel al cuál también iban unos franceses que nos habíamos hecho amigos en el bus. El sitio está bueno en cuanto a ambiente, pero no es bonito ni limpio, pero allí conocimos a otra francesa con la que hoy fuimos a visitar la Quebrada de las Conchas y con quien también iremos mañana a Cachi.

El primer día en Cafayate nos dedicamos a conocer el pueblo- la plaza, la iglesia y sus tienditas- y hoy por la mañana, antes de la excursión, visitamos la bodega "La Vasija Secreta"

El parque natural de La Quebrada de las Conchas son formaciones rocosas altísimas de muchísimos colores y formas (valga la redundancia, pero es así, las piedra son identificadas según su parecido con algo: el sapo, el obispo, el obelisco, las ventas, etc) De todos los sitios en donde estuvimos los más guapos son el Anfiteatro, en donde se realizan conciertos debido a su buena acústica y la garganta del diablo. (Ver fotos al final)

Bueno, para mañana nos espera el camino a Cachi y la vuelta a los Valles Calchaquíes, con sus antiguos pueblitos entre medio.















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jueves, 9 de mayo de 2013

Primer día en Salta "La Linda"


Todo estaba programado para que el día 6 de mayo nos encontrásemos en Córdoba, rumbo a Salta, y desde allí comenzar nuestro viaje. Guille, el domingo 5 acababa su curso de construcción en barro y desde Buenos Aires viajaba a Córdoba a donde yo lo esperaba para subirme al mismo bus y continuar pa el norte. Bueno, ese era el plan y ese fue el plan pero dos días después... Si, las empresas de colectivos de larga distancia de todo el país hicieron huelga durante casi seis días, y después de gestiones varias logramos reprogramar nuestros pasajes para hoy y aquí estamos, a casi una hora y media de llegar a Salta. Llegaremos de noche, tipo nueve, pero para hoy ya tenemos reservado una habitación en un hotelito céntrico y cerca de la terminal.
Hoy ya es día 9, anoche llegamos, un poco más tarde de lo previsto, pero bien, cenamos y a dormir.
Hoy paseamos por el centro de Salta: Plaza 9 deJulio, Cabildo histórico, Museo arqueológico de alta montaña, Convento e Iglesia San Ignacio, Teleférico y cerro San Bernardo. Entremedio de estos puntos turístico almorzamos cabrito, tomamos unas cervecitas, caminamos por las calles de Salta "La Linda" e hicimos un par de visitas a la oficina de Correos de Salta, en busca de las guías que nos envío Peko, las cuales aún no han llegado.
Ahora estamos en el hostal planeando el día de mañana y esperando para cenar e irnos a tomar algo a la Peña de la Casona del molino.
Mañana más...