En Bolivia hay un descontento bastante grande con su presidente Evo Morales, cosa que a mí me sorprendió ya que pensaba que era querido por su pueblo. Parece que lo ha sido durante un tiempo, pero cada día hay más manifestaciones del descontento que sufre el pueblo Boliviano. La vida aquí parece difícil y no tienen muchos recursos para vivir cómodamente. La Quiaca y Villazón están separados por un río, así que perfectamente podrían ser el mismo pueblo pero uno pertenece a Argentina y el otro a Bolivia y la diferencia de un lado del río al otro es bastante grande, la pobreza se hace notar en el lado boliviano. Nada más cruzar la aduana nos enteramos de que los cortes en las carreteras principales seguían vigentes y que moverse por dentro del país es algo bastante complicado. Varios gremios, médicos, mineros, maestros....están pidiendo un aumento de las jubilaciones y su manera de protestar es cortando las carreteras y vías de tren, así que nuestro plan de coger otro bus y subir a Tupiza no era tan sencillo. Finalmente nos juntamos con una chica de Australia y un tio de Israel y acordamos ir en taxi con un aguerrido conductor.
La primera media hora de viaje fue por una zona de poblados áridos y polvorientos en los que la pobreza era la que gobernaba, el chófer eligió ese recorrido para evitar la carretera asfaltada y sus cortes, y los cinco, seis contando al conductor, ibamos apretadísimos en la furgoneta y con una sensación un tanto extraña, entre el temor a que algo malo pudiese ocurrir y la tristeza de ver la gente sin recursos viviendo entre el polvo y las piedras en sus casitas de barro. Al final sorteamos el corte y agarramos la carretera un poco más adelante. Hicimos unos cuantos kilómetros hasta el siguiente corte y allí bajamos del taxi para cruzar el bloqueo a pie y pillar otro taxi al otro lado para finalizar al recorrido hasta Tupiza. Pasamos andando con nuestras mochilas y la gente que había llenado la carretera de piedras nos saludaba amigablemente, algunos nos invitaban a hacer fotos y a hacer llegar su protesta al extranjero. Así lo haremos y ojalá encuentren una solución para poder mejorar su calidad de vida. Al otro lado del bloqueo nos subimos en un minibus que estaba a medio llenar y que nos llevó a Tupiza. Reservamos una noche en el hostal Anexo Mitru. Allí averiguamos excursiones por la zona para hacer al día siguiente y gracias a la ayuda de Nina y la chica australiana dimos con otro hostal, al que fuimos al día siguiente, que hacían excursiones más acordes a nuestra celeridad de viaje (el 3 de julio tenemos que estar en Colombiaaaaa....). Así que reservamos la excursión de dos días al salar de Uyuni con el hostal/tours Los Salares sin saber exactamente si la hariamos la mañana siguiente o el día después debido a los cortes. "Por suerte" fue un día más tarde y pude dedicar la mañana siguiente a resolver mis problemas con el banco con la inestimable ayuda de mis padres desde España. Ya veremos en qué queda la cosa...Al mediodía nos cambiamos al otro hostal y pasamos el resto del día tranquilos, siestón incluido. Durante la mañana los cortes se habían intensificado y ahora incluían algunas calles de dentro del pueblo, también vimos una manifestación en contra de los cortes y el recepcionista del primer hostal me dijo que hacía falta una guerra civil. Casi me cago encima.
El hostal Los Salares nos gustó más, estaba al otro lado de la carretera principal, casi fuera del pueblo, y además ya estábamos en el punto de salida para la excursión que comenzaba a las 7.00 de la mañana. Cenamos en el hostal con gente de allí, nos dimos cuenta de que la altura hace que las lentejas y la pasta tarden horas en cocerse (o eso dedujimos, aunque creo que nadie lo había escuchado ni lo hemos comprobado en internet) y nos despedimos de Nina de manera definitiva, no creo que volvamos a encontrarnos en este viaje.
El sábado comenzamos el viaje prontito, los fines de semana no hay cortes, así que no hubo complicaciones, y los días de entre semana cortan las carreteras de 6 de la mañana a 6 de la tarde, más o menos, y la gente aprovecha para desplazarse a esas horas, los transportistas llevan sus mercancías.... Nosotros nos montamos en el jeep con Segundino y Liset, el guía del tour y su hija, encargada de la comida y de marearse y echarse siestas en el coche.
La primera parte de la mañana fue entre montañas, con mil curvas, subidas y bajadas y un paisaje muy bonito, pero bastante seco. Fuimos ganando altura y perdiendo grados. Cuando paramos a comer hacía un frío del carajo. Lo hicimos al lado de la carretera, con el "buffet" colocado en el maletero del jeep. Parada cortita y más kilómetros. Fuimos pasando pueblitos pequeños y semiaislados que vivian de la minería o de la cría de llamas, eso calmó un poco mi cargo de conciencia de cuando me comí un filete de llama (animal exótico para mí) en Purmamarca, ya que Segundino nos explicó que vender la carne de sus llamas es la unica manera de conseguir dinero para muchas de esas familias, y lo sabía bien ya que pasamos por el pueblo en el que se había criado y su familia se dedica a ello.
Otro pueblo que visitamos fue San Vicente, este se dedica en su totalidad a la extracción de minerales. Era una empresa extranjera, Pan American Silver, la dueña de la explotación y mantenía una seguridad y vigilancia en el pueblo que no daban ningún buen rollo. Cuando le pregunté a Segundino si la gente estaba contenta con la presencia de estas empresas extranjeras me dijo que mucha gente lo acepta porque les dan trabajo y el país parece no tener los medios para hacer la extraccion, así que aunque no les gusta la situación no parecen saber cómo escapar de ella.
Después pasamos por Rio Grande, mientras Segundino rellenaba el depósito del jeep con los bidones que llevaba en la baca dimos una vuelta por el pueblo y volvimos al coche pensando en lo dura que es la vida de la gente de estos lugares, el clima es seco, el viento levanta un polvo que no te deja ni abrir los ojos o la boca, no tienen carreteras por las que acceder a las comodidades de la ciudad, no pueden ni cultivar la tierra.... En fin, algo realmente jodido.
Segundino y otra gente de Tupiza, los dueños de hostales, agencias de tours, restaurantes, etc... están impacientes porque se acaben los bloqueos ya que el turismo se ha convertido en una manera de ganarse la vida menos cruda que la minería o la cría de llamas, y después de ver estos pueblos la verdad es que las palizas que se meten los guias para llevarnos a todos los turistas de un lado a otro parecen ser una forma de vida menos extrema.
Cuando caía la noche llegamos al hotel en el que pasamos la noche todos los turistas, en puerto Chuvica, es un edificio de una sola planta hecho completamente de sal, bueno, las paredes, los cimientos y el techo no. Extraen grandes bloques del salar, les dan forma de ladrillo y los pegan con una masa de sal que acaba endureciéndose. Es realmente bonito y todos los suelos tienen una capa de sal muy gruesa que hace un agradable sonido al caminar sobre ella. Antes de que anocheciese del todo paseamos un poquito por el pueblo, hicimos unas fotos y jugamos un ratito con los niños de allí. Os aseguro que hacer el caballito y dar vueltas a un chiquillo para que se le separen los pies del suelo y "vuele", todo esto a unos 3.600 de altura es realmente agotador. Volví al hotel de sal sin aliento. Cenita y a la cama.
Al día siguiente nos levantamos a las 5.30 para salir corriendo a ver la salida del sol desde dentro del salar. Iba clareando según entrábamos en el salar y el paisaje se fue convirtiendo en un blanco infinito por los cuatro costados. No sé si por suerte o desgracia estaba ligeramente nublado, así que no pudimos ver justo la salida de la gran bola de fuego, pero la compensación fue un cielo con nubes dispersas mucho más rico en colores y formas. Paramos un momento para sacar unas fotos y pisar por primera vez aquello que parecía nieve helada pero que todos decían que era sal. Tenían razón, era sal, aunque por el frío que hacía bien pudiera haber sido la otra opción.
La siguiente parada fue en la isla de Incahuasi una roca inmensa en medio del salar que está cubierta de coral petrificado y llena de cardones. Allí se hace una pequeña excursión super guapa, y luego el gran desayuno, que a esa hora ya teníamos hambruna. Siguiente parada en Coquesa, otra especie de isla en el salar, pero esta no está totalmente rodeada de sal, sino que se encuentra en el borde del salar y en ella se encuentra en volcán Tunupa, de cumbre nevada y altura imponente. Hicimos una excursión a una cuevita en la que se encontraron momias de una cultura preincaica, y allí estaban los restos de 7 personas que fueron enterradas en esa misma cueva. Impresionaba bastante verlas, como cada vez que miras restos humanos bien conservados, puedes apreciar detalles estremecedores de sus dedos, pelos, expresiones....
Después subimos a un mirador que tenía vistas al cráter del volcán, pero la subida era bastante empinada, el tiempo no jugaba a nuestro favor y la altitud tampoco, así que en un momento Vale decidió pararse y volver despacito al coche, donde se había quedado Liset, porque el mal de altura le estaba afectando ligeramente.
Así que Segundino y yo seguimos el paseo y llegamos al mirador. Bonito, pero nada espectacular, simplemente el volcán que ya habíamos visto pero un poquito más cerca y vistas al salar por el otro lado. En esa isla había otro grupo de turistas que subieron hasta arriba y me dió un poco de envidia esa excursión, aunque no sé si habría aguantado semejante paliza.
El tiempo apremiaba porque queríamos llegar a Uyuni a las 13.00 para pillar el bus a Potosí, así que el resto del día fue un poco acelerado, pero aún así llegamos tarde. En ese trozo de día vimos la primera construcción de sal hecha en la zona, un hotel que por estar dentro del salar fue cerrado y reconvertido en un museo feo, las extracciones de sal, que simplemente la rascan, hacen montoncitos y la cargan en camiones, y el pueblo que tiene licencia para explotar el salar. En este pueblo hay un montón de puestos de artesanías, los hay por todos lados en Bolivia, y las casitas de las familias que procesan la sal. Por suerte Segundino compró un pedido grande de sal y vimos cómo lo hacían con la excusa de acompañarle en su compra. Primero la secan con un horno de leña que calienta una gran superficie donde colocan la sal, después la muelen, le añaden yodo para evitar el bocio y la empaquetan. Es un proceso bastante sencillo así que las familias no necesitan una gran infraestructura para poder trabajar la sal.
Desde allí fuimos directos a Uyuni, pero llegamos tarde para el bus de las 13.00 y tuvimos que hacer tiempo comiendo, paseando.... Un sufrimiento, ya os imaginaréis.... La verdad es que el pueblo no nos gustó demasiado, pero sólo fue una espera de unas horitas hasta que a las 18.30 llegó el bus que nos llevaría hasta Potosí. El viaje fue un infierno, venden muchos más billetes que el número de asientos del bus, así que mucha gente va de pie, con muchos bultos, pero lo peor de todo fue la música que aparte de ser muy fea estaba insoportablemente alta. Fue bastante surrealista ver cómo el conductor apagaba las luces invitando a dormir y acto seguido subía el volumen invitando a bailar.... Pero bueno, aproveché el tiempo para escribir parte de esta entrada, el resto la estoy acabando en Potosí, pero de eso ya os contaremos otro día.
Bueno, el otro día hice un post la mitad de largo que éste y os pedí perdón por la txapa, hoy me lo ahorro porque si alguien ha llegado hasta aquí es porque no le ha parecido tan insufrible, o porque es mi mamá. Besos amatxo.
Salud.


















Extraordinario!... les confieso que me brotan las lágrimas en una mezcla de emociones... Un abrazo y besos para los dos.
ResponderEliminarHola pareja! Qué bien poder seguir vuestras andanzas/cochanzas/ autobusanzas con tanto detalle, nos estáis dando mucha envidia.
ResponderEliminarQue todo siga así de bien, muchos besos!